Trabajo de campo
Exposición realizada entre el 11 de diciembre
de 2024 y el 17 de abril de 2025, con un recorrido
que abarcó desde la sala 13 hasta la sala 08 del
segundo piso del Museo de Arte Contemporáneo
de la Universidad de Chile MAC, sede Parque Forestal.

“La convivencia es uno de los mejores bailes”, dice un texto sobre la obra The making of Golden Warriors (2006) de la arquitecta y artista visual Francisca Benítez. La pieza, una instalación en video multicanal, presenta a una serie de domadores de palomas, quienes enfrentan a sus aves en batallas/danzas aéreas, donde ni las aves ni los adiestradores tienen realmente contacto físico. Una toma del espacio aéreo -importado a Nueva York por inmigrantes italianos y actualmente desarrollado por miembros de la comunidad centroamericana de la ciudad-, que nos habla de coexistencia, de ocupación del espacio público, de migración, de traspaso de información, de multiculturalidad, de la ciudad, de moverse en la ciudad y de hacer arte con lo que hay al alcance de la mano. En este caso: palomas. Se trata de un rizoma de ideas que, según explica Benítez, dialoga de manera directa con la obra de otro artista/arquitecto situado en Nueva York: “Gordon Matta-Clark y Violeta Parra son mis grandes influencias, y a Matta-Clark lo conocí primero".

Toda mi obra está dialogando con él. Sobre todo la de mis primeros años. Tiempo atrás Camila Marambio (curadora del pabellón de Chile en la Bienal de Venecia, 2021) me invitó a realizar una charla sobre una obra que me hubiese gustado hacer a mí, y elegí Fake States (Reality Properties: Fake Estates, 1973-1974) de Matta-Clark. Los dos venimos desde la arquitectura, de trabajar en la ciudad, del amor a lo efímero”, explica.
Pero Francisca Benítez no trabaja con las palomas de Nueva York por Matta-Clark, trabaja con ellas porque vive ahí. Trabajo de campo es un juego de palabras que se refiere, por una parte, a una serie de métodos de observación y recolección de datos sobre personas, culturas y entornos naturales. En ese sentido, sus gestos y decisiones conversan con los de Violeta Parra que -junto a su comadre Margot Loyola- se insertaba en las comunidades rurales para, a través del estudio de sus modos de vida, entender, por ejemplo, una forma de afinar la guitarra. Por otro lado, Trabajo de campo es más literal. Francisca Benítez proviene de una familia de clase trabajadora radicada en la localidad rural de Pichingal, cuenca del Río Lontué, Región del Maule. Del campo.

“Mi propuesta parte de la base de hacer arte con lo que hay, y eso viene de la consciencia de que vivimos en un planeta con recursos limitados. Es ser frugal. Crecí con seis hermanos, mi mamá era profesora, mi papá trabajaba en una empresa agrícola, vivíamos en Pichingal con escasos recursos. Tiene que ver con mi realidad personal, pero también con un punto de vista ecosistémico, ¿para qué voy a comprar más cosas si tengo esto? Para hacer el frotado de suelo más grande en la exposición, Asamblea (2012), ocupé un rollo de fondo de estudio fotográfico desechado. Las Líneas de propiedad (2008) se hicieron con papeles de cuando trabajaba como profesora de arte en centros comunitarios en vivienda pública en Nueva York. Se ponían para hacer arte con los niños y no ensuciarlas mesas. Tenían resmas y resmas. Entonces pregunté ¿puedo sacar? y me dijeron “sí, llévatelos, hay demasiados”, detalla la artista.

Es así como Trabajo de campo se estructura a partir del profundo escaneo que Benítez realiza a sus entornos inmediatos: Nueva York y Pichingal. Y es a partir de ese compromiso con sus territorios, que, en su exposición, tiene sentido el diálogo entre palomas y treiles (queltehues), entre las construcciones precarias de algún judío ortodoxo y las construcciones precarias de algún huaso de la zona central, entre tensionar la propiedad de la vivienda en el Norte global y tensionar la propiedad del agua en el Sur global, entre la música y la lengua de señas (el padre de Benítez era sordo, lo que la llevó a desarrollar obras como Canto Visual del 2012 y Soliloquio en Señas del 2014), entre salir a andar en skate y salir a recolectar membrillos, entre la amistad de Gordon Matta-Clark y Trisha Brown, y la de Violeta Parra y Margot Loyola. Sin embargo, esa multiplicidad de formatos y temas parecieran confluir en un sólo punto y ese punto podría ser estimular la convivencia y la generación de comunidad como principal arma contra el capital.

Ese punto podría ser: socialismo. “Soy parte de grupos que reivindican la necesidad de espacio público para el ocio, para el diálogo, para disentir. No sólo para comprar. Me interesa la ciudad, pero también me interesan las enfermedades de la ciudad, ¿cómo combatimos la mercantilización de todo? Nueva York, a pesar de ser la cuna del capitalismo, es también el lugar de la oposición dentro del imperio. Hay un sistema de seguridad social impresionante. Donde vas hay una biblioteca pública. Cualquiera que haga menos de “x” plata tiene seguro médico gratuito. Me incluyo. Hay un espacio público súper vital, con mucho goce y expresión de identidades e ideas. Entonces me entristece venir a un Chile tan neoliberal que síntomas un sendero aparece un emprendedor que te cobra $500 pesos para pasar y verla montaña”, explica la artista y agrega “ansío el día en que, como dijo Gladys Marín, todos tengamos para comer y cantar”.
